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Español

Consejos de los padres en La Edad Media

Escrito por Danièle Cybulskie

Traducido por Pilar Espitia

Mientras existan hijos, siempre habrá consejos de los padres. Esta semana vamos a tomarnos cinco minutos para revisar dos textos medievales ingleses que tratan sobre consejos de los padres: “Cómo una buena esposa enseña a su hija” (“How the Goode Wife Taught Hyr Doughter”) y “Cómo un buen hombre enseña a su hijo” (“How the Goode Man Taught Hys Sone”). Ambos textos se pueden encontrar en la excelente compilación hecha por Eve Salisbury, The Trials and Joys of Marriage. Ambos textos fueron copiados múltiples veces en un periodo de más de cien años, lo que significa que la gente pensaba que valía la pena la ardua labor de copiarlos. Entonces, ¿qué tipo de consejos daban los padres a sus hijos durante los siglos XIV y XV?

Para ambos, hija e hijo, (al principio y al final del texto) hay un énfasis en seguir los deberes religiosos, ya que ayudaría a los hijos a encontrar protección y consuelo en la fe. Los hijos son incitados a ir a la iglesia y a pagar sus diezmos para que sean bendecidos. Mencionar la fe al principio y al final del texto era bastante común en muchos textos medievales de Occidente, desde historias hasta poemas, y proporciona el escenario para el tipo de comportamiento esperado.

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En relación al buen comportamiento, la hija y el hijo eran alentados a ser moderados, no precipitados, y también a no reír muy fuerte. El “buen hombre” dice ““Lagh not to moche, for that ys waste” (“No rías mucho, pues es un desperdicio”, I, verso 67) y la “buena esposa” asocia reír muy fuerte con verse fea, y comportarse como una “gyglot” (I, verso 49), palabra que Salisbury traduce como “mujer casquivana” (al ver la palabra, podemos ver que se parece a nuestra palabra moderna “gigolo”). La hija debe evitar el chisme y el hijo debe tener cuidado con sus palabras.

Ambos también son prevenidos sobre los peligros de apostar, de la taberna, y sobre los miembros astutos del sexo opuesto: la hija no debe aceptar “giftys” (“regalos”, I, verso 91) de hombres que podrían tratar de seducirla, y el hijo debe mantenerse alejado de “comyn women” (“mujeres corrientes”, I, verso 62) porque solo le traerán problemas. Estos son consejos bastante tradicionales y habituales, así que, ¿hay algo sorprendente para las personas modernas aquí? A lo mejor sí.

Si leen los consejos de la madre hacia la hija, encontrarán varios temas familiares como ser una buena ama de casa, controlar a los sirvientes y no vestirse de forma muy pomposa. Hacia el final del texto, sin embargo, se ve un escenario sorprendentemente honesto:

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And if it thus thee betyde,
That frendes falle thee fro on every syde,
And God fro thee thi child take,
They wreke one God do thou not take,
For thyselve it wyll undo. (ll.171-175)

(Y si te sucede
Que los amigos desaparezcan
Y que Dios de ti tome uno de tus hijos
Del daño no culpes a Dios
Ya que te harás daño a ti misma) (II, versos 171-175)

En otras palabras, si pierdes a tus amigos y uno de tus hijos muere, culpar a Dios no te ayudará a lidiar con esto. Esto sobresale de los usuales consejos sabios pero distantes, ya que sugiere que la muerte de un hijo podría ser un golpe tan duro para una mujer que ella podría cuestionar su fe. Lo señalo porque pienso que las personas modernas están aferradas a un par de ideas sobre las personas medievales que son cuestionadas aquí: primero, que estaban menos apegados a los hijos (porque morían con bastante frecuencia) y, segundo, que las personas medievales tenían una fe inquebrantable e incuestionable.

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Que la madre en este texto mencione este escenario como una posibilidad, habla de su probabilidad, aunque este pasaje no aparece en todas las copias existentes del texto (ver las notas de Salisbury). Supongo que no todos los copistas quisieran contemplar (o a lo mejor no quisieran alentar) la idea que la fe podría tambalear con la muerte de un hijo, pero claramente el autor, y algunos de los otros copistas, pensaban que era tan importante abordar este tipo de consejo, como los otros.

Lo que puede ser sorprendente de los consejos del padre al hijo es que es mejor casarse con una mujer buena, pero pobre, que con una mujer rica; que sus posesiones no son su verdadero valor como esposa. Mientras que la nobleza tenía muchos matrimonios arreglados para poder distribuir y acumular riqueza, este consejo sugiere que el dinero no puede comprar el amor, y que el amor es importante para tener un buen matrimonio.

Sería ir demasiado lejos al decir que esta es una concepción moderna sobre las relaciones conyugales, pues el padre admite que la esposa es en parte “sirvunt” (“sirvienta”, I, verso 131) y en parte “fellowe” (“pareja” o “compañera”, I, verso 132). A pesar de esto, el padre dice explícitamente “bete not thy wife” (“no golpees a tu esposa”, I, 337) ya que solo conseguirás que te odie. De la misma forma, el hijo no debería humillarla, sino tratarla de manera justa. Esto no implica que esta es la “regla de oro” de las relaciones, cosa que las personas modernas asumen sobre las personas del Medioevo.

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Mientras que muchos de estos consejos pertenecen a un momento cultural estático, hay algunos consejos que nos son completamente familiares: ir a dormir temprano y levantarse temprano, ser amable y generoso, y recordar que “many handes make lyght werke” (“muchas manos hacen el trabajo ligero”, I, verso 154). Como nosotros, estoy segura que nuestros ancestros aceptaban algunos de estos consejos e ignoraban otras partes, a medida que iban viviendo su vida. Como lectores, podemos ver textos como estos y encontrar buenos consejos para vivir, y también un retrato interesante de las esperanzas de los padres en el pasado.

Puedes seguir a Danièle Cybulskie en Twitter: @5MinMedievalist

Artículo publicado originalmente en inglés como Medieval Parenting Advice

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